Prólogo
Dos niños pequeños, de cuatro y seis años de edad, se aferraron el uno al otro con una ferocidad que reflejaba su dolor. Las lágrimas corrían por sus mejillas, apretando los bordes del mundo a medida que el momento inevitable se acercaba. "Está bien, Harry, es hora de ir", la voz de su madre, suave pero firme, encendió una ola fresca..
“Haz, está bien”, dijo el niño de seis años, con la voz temblorosa pero resuelta. “Nos veremos muy pronto, lo prometo”.
—¿Lo prometes?Harry se ahogó, sus pequeñas manos secándose ante las lágrimas desdibujando su visión.La sonrisa del niño mayor era frágil, un faro de esperanza en un mar de dolor.Levantó su dedo meñique, un voto silencioso.Harry entrelazó su propio dedo pequeño con el de su amigo, sellando la promesa.El niño mayor colgó las mejillas de su amigo, su tacto tierno..
A regañadientes, Harry se soltó, permitiendo que su madre lo llevara hacia el automóvil que lo esperaba. El motor chisporroteó y se inclinó por la ventana, con la pequeña cara presionada contra el vidrio frío. “Adiós héroe”, gritó, con su voz cruda de emoción. “¡Te extrañaré!”
El coche se alejó, y Harry corrió, manteniendo el ritmo por un momento, desesperado por aferrarse a la imagen de su amigo. “Nos vemos pronto, Haz”, llamó, su voz se desvaneció con la distancia. “¡Cuidado!” El coche desapareció alrededor de la curva, dejando un dolor hueco a su paso..
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Harry sostenía un marco desgastado contra su pecho, los fantasmas de la memoria se arremolinaban alrededor de él. La fotografía mostraba a dos niños, uno cuatro, uno seis, tomados de la mano, con sus sonrisas irradiando una alegría que se sentía imposiblemente distante. Rastreó el contorno de sus caras, una risa débil escapando de sus labios mientras recordaba las bromas juguetonas sobre su altura. Una sola lágrima trazó un camino por su mejilla..