“¿Alguna vez vas a decírselo a Peter? ¿O vas a esperarlo?” Preguntó, evitando mi mirada. La pregunta colgaba en el aire, un peso familiar..
“Bueno, en primer lugar, no, y en segundo lugar, no, porque nunca le voy a gustar.” Crucé los brazos, tratando de parecer indiferente, pero el temblor en mi voz traicionó mi ansiedad.
Su voz estaba mezclada con incredulidad. Siempre había sido mi confidente, pero su ingenuidad a veces era exasperante..
Le di una mirada molesta.¡Peterson! Te he dicho durante meses que le gusta mi mejor amigo, no yo. Una pequeña risa se me escapó, quebradiza y hueca. La imagen de ella y Peter, riendo juntos, se quemó detrás de mis ojos.
– Sí, lo recuerdo. ¿Pero qué pasa si no le gusta tu mejor amigo? Persistió, su frente frunció el ceño con preocupación. Tenía buenas intenciones, pero no entendía..
– Bueno, por lo que parece, lo hace. -Dejé de caminar, volviéndome hacia él por completo. Necesitaba distraerme, desviarme. -Entonces, ¿cuándo te vas a quitar la máscara y mostrarme quién eres? La pregunta fue señalada, un desafío. Siempre se escondía detrás de una fachada cuidadosamente construida..
Su respuesta fue inmediata, una sonrisa astuta en sus labios. Estaba reflejando mis propias tácticas, negándose a revelar su mano hasta que mostré la mía..
El silencio se extendía entre nosotros, lleno de deseos y temores tácitos. Podía sentir mi pulso acelerarse, mis palmas sudar.
“Me completas, Peterson Parker.” Las palabras se escabulleron antes de que pudiera detenerlas, una especie de confesión, una desesperada petición de conexión..